Cómo empezar a escribir una obra de teatro_

Cómo empezar a escribir una obra de teatro

Un error común para abordar la escritura teatral es la idea de mensaje. La idea de que para empezar a escribir «tengo que saber de qué quiero hablar», o aún más: qué quiero decir.

No sé cómo llegó a arraigarse esta creencia, pero es una de las cosas que con mayor frecuencia escucho en el taller de dramaturgia cuando les pregunto a mis alumnas y alumnos por dónde creen que empezamos a escribir una obra de teatro.

Pensar que el punto de partida de la escritura es esta idea de mensaje genera más obstrucciones que posibilidades de desarrollar nuestra imaginación. Este te supuesto difícilmente nos impulse a escribir. Más bien todo lo contrario. Es bastante paralizante.

Un camino mucho más fértil es preguntarnos ‘qué está hablando en mí’, ‘qué mundos me habitan’, ‘Cuál es mi universo, por qué cosas estoy siendo hablada, hablado’.

El escritor Juan José Saer llamaba a esto el Universo Pulsional: ese mundo personalísimo que configura, al trabajar con él, los futuros imaginarios ficcionales.

La imaginación no parte de ideas o conceptos, sino que parte de imágenes: coordenadas habitables de tiempo y espacio que construimos e indagamos a través de nuestra percepción sensorial: Un pescador en un muelle, solo, en pleno invierno, en una playa de la costa atlántica. Viento que chifla. Cielo gris. ¿Quién es? ¿Qué le pasa?

Este sería una ejemplo de imagen, una unidad discreta, concreta, de la imaginación a partir de la cual podemos comenzar a tirar para profundizarla y descubrir qué historia posible puede nacer de la imagen.

Para escribir teatro trabajamos a partir del acopio de imágenes del mundo exterior y de la indagación de Imágenes internas: restos de experiencias significativas que nos quedan registrados en la memoria como imágenes interiores; trabajamos con la evocación, el sueño y esa clase de memoria que Proust llamaba involuntaria; trabajamos también con lo que nos conmueve, con las perplejidades y los intereses genuinos, e intentando entrar en diálogo con nuestra propia tradición: con lo que leemos, o lo que espectamos.

Si partimos de esta búsqueda – y no de la idea de mensaje – una buena pregunta para empezar a generar un universo teatral  yano es “¿de qué quiero hablar?” sino ¿cuáles son mis obsesiones? ¿Dónde se detiene siempre mi mirada? ¿qué imágenes me persiguen, se me adhieren, me habitan?

Sólo así, indagando en nuestro propio universo pulsional, y trabajándolo con las herramientas propias de la construcción dramatúrgica para que ese mundo interior se convierta, finalmente, en un Universo Ficcional, nos reencontraremos con eso que está pidiendo pista en nosotras, en nosotros, para ser dicho.

Si estás pensando en escribir una obra, empezá a preguntarte sobre tu mundo interior, sobre las imágenes que te habitan, sobre las cosas que te obsesionan, y comenzá a generar cadenas asociativas para expandir y complejizar esa imagen. Intentá partir de una fidelidad muy ajustada sobre tus ensoñaciones. Porque eso sí que todas, todos, tenemos: una obsesión. Una imagen que nos persigue.

Marian Mazover

Marian Mazover

Soy dramaturga, directora teatral, docente y comunicóloga (UBA)

Buscar

Suscribite al blog

Últimas entradas

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *